Los colágenos constituyen una de las familias proteicas fundamentales de los mamíferos y representan el componente proteico estructural predominante de numerosos tejidos conjuntivos. La afirmación tradicional de que constituyen aproximadamente un tercio de la proteína corporal debe interpretarse con cautela, porque las estimaciones dependen del tejido, del método utilizado y de si se expresa la cantidad respecto de la masa seca o de la proteína total. Mediciones directas realizadas en mamíferos completos han mostrado que el contenido de colágeno puede variar considerablemente entre tejidos y que, en el organismo completo, puede ser inferior a la estimación clásica de un tercio de la proteína total. En el ratón, por ejemplo, se ha determinado que el colágeno representa aproximadamente 12 % de la proteína corporal total en hembras y 17 % en machos, mientras que determinados tejidos presentan concentraciones extraordinariamente superiores, particularmente los tendones, los huesos y la piel.
Esta abundancia se explica principalmente por la función que desempeña el colágeno como elemento estructural de la matriz extracelular. La matriz extracelular no constituye simplemente un material de relleno situado entre las células, sino un sistema tridimensional organizado que proporciona soporte físico, distribuye fuerzas mecánicas, establece límites espaciales, regula la arquitectura tisular y transmite información bioquímica y biomecánica hacia las células. Los colágenos son esenciales para estas funciones porque sus moléculas pueden organizarse mediante diferentes mecanismos de ensamblaje en fibrillas, fibras, redes, microfibrillas, fibrillas de anclaje y estructuras asociadas a membranas.
La característica molecular que define a los colágenos es la presencia de al menos un dominio de triple hélice. Sin embargo, la existencia de una triple hélice por sí sola no significa necesariamente que una proteína deba clasificarse como colágeno, debido a que existen numerosas proteínas que contienen dominios semejantes a los colágenos sin pertenecer formalmente a la familia. En los colágenos, el dominio helicoidal está constituido por tres cadenas polipeptídicas denominadas cadenas α que se enrollan entre sí formando una estructura superenrollada.
La secuencia característica de estas cadenas se basa en la repetición Gly-X-Y, donde Gly corresponde a glicina y las posiciones X y Y pueden estar ocupadas por diferentes aminoácidos, aunque prolina y 4-hidroxiprolina son particularmente frecuentes. La glicina aparece cada tercer residuo porque su pequeño tamaño permite que su cadena lateral, constituida únicamente por un átomo de hidrógeno, ocupe la región central densamente empaquetada de la triple hélice. Una sustitución de glicina por un residuo de mayor tamaño puede alterar localmente el empaquetamiento y desestabilizar la hélice, lo que explica por qué determinadas mutaciones puntuales de los genes de colágeno producen enfermedades estructurales.
Cada una de las tres cadenas posee inicialmente una conformación helicoidal hacia la izquierda y, posteriormente, las tres cadenas se enrollan conjuntamente para formar una triple hélice hacia la derecha. Esta arquitectura proporciona al colágeno una combinación excepcional de estabilidad y resistencia mecánica. La estabilización depende de la repetición Gly-X-Y, de la abundancia de prolina y 4-hidroxiprolina, de enlaces de hidrógeno entre cadenas y de interacciones electrostáticas. Además, determinadas modificaciones postraduccionales, entre ellas la hidroxilación de residuos de prolina y lisina y la glucosilación de algunas hidroxilisinas, contribuyen al plegamiento, estabilidad y posterior organización de las moléculas.
La triple hélice no ocupa necesariamente toda la longitud de una molécula de colágeno. En los colágenos fibrilares existe un dominio helicoidal largo y prácticamente continuo, mientras que otros miembros de la familia contienen varios dominios de triple hélice separados por regiones no colágenas. Esta diferencia es fundamental porque permite que proteínas que comparten el mismo principio estructural básico desempeñen funciones muy diferentes. Las regiones no colágenas pueden participar en la unión entre moléculas, en la interacción con receptores celulares, en la unión con otras proteínas de la matriz extracelular y en la formación de estructuras supramoleculares específicas.
Composición molecular: las tres cadenas α
Decir que una molécula de colágeno está formada por tres cadenas α es correcto como principio general, pero no significa que las tres cadenas tengan necesariamente la misma secuencia. Existen colágenos homotriméricos, constituidos por tres cadenas α idénticas, y colágenos heterotriméricos, constituidos por dos o tres cadenas α diferentes. Esta posibilidad de combinar diferentes cadenas incrementa enormemente la diversidad estructural de la familia.
La nomenclatura explica precisamente esta composición. En una denominación como α1(I), el número romano I identifica el tipo de colágeno, mientras que α1 identifica la cadena α concreta perteneciente a ese tipo. Por ello, α1(I) y α2(I) son dos cadenas distintas que pueden formar conjuntamente el colágeno de tipo I. El número romano no indica simplemente una variante de la misma cadena, sino la pertenencia a un tipo molecular específico de colágeno.
El ejemplo clásico es el colágeno de tipo I. Su molécula predominante está formada por dos cadenas α1(I) y una cadena α2(I), expresándose su composición como [α1(I)]₂α2(I). Esta combinación no es un detalle meramente nomenclatural: la identidad y proporción de las cadenas modifican las propiedades moleculares de la triple hélice y, en consecuencia, las características de las estructuras supramoleculares que se forman posteriormente. El colágeno de tipo I constituye además uno de los principales componentes de la matriz extracelular de hueso, piel, tendones, ligamentos y numerosos tejidos conjuntivos.
El colágeno de tipo II proporciona un ejemplo de homotrímero. Está constituido predominantemente por tres cadenas α1(II), cuya composición puede expresarse como [α1(II)]₃. Se encuentra principalmente en cartílago y otras estructuras especializadas sometidas a cargas mecánicas de compresión.
El colágeno de tipo III también forma predominantemente un homotrímero, [α1(III)]₃, y se encuentra especialmente asociado con el colágeno de tipo I en tejidos como piel, vasos sanguíneos y órganos. La coexistencia de diferentes tipos de colágeno dentro de una misma estructura permite modificar el diámetro de las fibrillas, su organización, su interacción con otros componentes de la matriz y sus propiedades mecánicas.
El colágeno de tipo V demuestra todavía mejor la complejidad de esta organización. Puede formar diferentes combinaciones de cadenas α y participa principalmente en fibrillas heterotípicas junto con el colágeno de tipo I. Por tanto, una fibrilla de colágeno no debe imaginarse necesariamente como una estructura compuesta exclusivamente por un único tipo molecular. Las fibrillas pueden incorporar varios tipos de colágeno, y esa composición determina características como el diámetro fibrilar, la organización molecular y las interacciones con otros componentes matriciales.
En conjunto, en los vertebrados se reconocen alrededor de 44 cadenas α derivadas de más de 40 genes relacionados con colágenos, que pueden combinarse de diferentes maneras para producir los distintos tipos moleculares. Esta diversidad genética y combinatoria permite generar una gran cantidad de arquitecturas tridimensionales a partir de un principio molecular común.
De la molécula a la matriz extracelular
La función del colágeno no puede comprenderse únicamente examinando una molécula aislada. Su importancia biológica surge de la organización jerárquica que comienza en las cadenas α, continúa con la formación de la triple hélice y culmina con el ensamblaje de numerosas moléculas en estructuras supramoleculares.
Los colágenos fibrilares constituyen el ejemplo más evidente. Después de su síntesis y procesamiento, las moléculas de colágeno se organizan de manera escalonada y paralela para formar fibrillas con una organización periódica característica. Posteriormente, estas fibrillas pueden asociarse formando fibras de mayor tamaño. La formación de enlaces covalentes entre determinados residuos de lisina e hidroxilisina contribuye a estabilizar estas estructuras y aumenta su capacidad para soportar fuerzas mecánicas.
Esta organización jerárquica explica por qué el colágeno puede proporcionar simultáneamente resistencia a la tracción, estabilidad estructural y capacidad para distribuir fuerzas. El comportamiento mecánico de un tejido no depende exclusivamente de la cantidad de colágeno, sino también de su tipo molecular, orientación, diámetro fibrilar, densidad, grado de entrecruzamiento, interacción con otros componentes matriciales y organización tridimensional.
Por qué los colágenos tienen funciones mecánicas tan diferentes
La diversidad funcional deriva de que la misma triple hélice básica puede incorporarse a arquitecturas supramoleculares radicalmente distintas. Una fibrilla larga y densamente empaquetada puede proporcionar resistencia a la tracción, mientras que una red tridimensional puede proporcionar soporte y organización espacial sin generar una fibra convencional. Una molécula asociada a la superficie de una fibrilla puede modificar su interacción con otras moléculas, mientras que una molécula transmembrana puede conectar directamente la matriz extracelular con la membrana plasmática.
Por esta razón, la clasificación de los colágenos según su patrón de polimerización resulta particularmente útil. No clasifica únicamente la forma geométrica final, sino que relaciona la estructura molecular con la función mecánica y biológica.
Clasificación según el patrón de polimerización
🔵 Colágenos fibrilares
Los colágenos fibrilares constituyen los principales colágenos responsables de formar fibrillas. Los tipos I, II, III, V, XI, XXIV y XXVII pertenecen a este grupo en la clasificación moderna basada en su estructura y ensamblaje. Presentan una gran región de triple hélice relativamente continua y son procesados extracelularmente antes de incorporarse a las fibrillas.
El colágeno de tipo I es especialmente abundante y constituye la base estructural de numerosos tejidos sometidos a tensión. Su presencia en tendones y ligamentos permite transmitir fuerzas mecánicas, mientras que su organización en el hueso proporciona una matriz orgánica resistente que posteriormente se mineraliza. La combinación entre colágeno y componentes minerales genera una estructura con propiedades mecánicas que no podría obtenerse mediante ninguno de estos componentes de manera aislada.
El colágeno de tipo II predomina en el cartílago. Su organización fibrilar forma parte de una matriz especializada capaz de resistir cargas compresivas en asociación con proteoglucanos y otros componentes de la matriz extracelular. Los colágenos de tipos V y XI desempeñan funciones reguladoras dentro de las fibrillas y contribuyen a determinar su organización y diámetro.
El aspecto fundamental es que la fibrilla no debe considerarse una simple acumulación de moléculas idénticas. Diferentes colágenos fibrilares pueden coexistir y colágenos no fibrilares pueden asociarse con su superficie. Esta composición mixta permite controlar la arquitectura de las fibrillas y sus interacciones con el entorno extracelular.
🔴 Colágenos asociados con fibrillas: FACIT
Aquí es necesaria una corrección terminológica importante respecto de la formulación proporcionada. Los FACIT son los colágenos asociados con fibrillas que poseen hélices triples interrumpidas, no hélices triples ininterrumpidas. El acrónimo procede de Fibril-Associated Collagens with Interrupted Triple helices. Entre ellos se incluyen los tipos IX, XII, XIV, XVI, XIX, XX, XXI y XXII en clasificaciones modernas.
La diferencia estructural es esencial. Mientras los colágenos fibrilares presentan una región helicoidal larga y prácticamente continua, los FACIT contienen dominios de triple hélice separados por dominios no colágenos. Por este motivo, no suelen constituir por sí mismos el núcleo principal de una fibrilla. Se localizan asociados con la superficie de fibrillas preexistentes y funcionan como elementos de conexión entre las fibrillas y otros componentes de la matriz extracelular.
El colágeno de tipo IX constituye un ejemplo clásico. Se encuentra asociado a fibrillas de colágeno de tipo II en el cartílago y contribuye a conectar la superficie fibrilar con otros componentes de la matriz. Los tipos XII y XIV se asocian principalmente con fibrillas que contienen colágeno de tipo I. Por tanto, los FACIT pueden entenderse como moléculas que modifican la interfaz de las fibrillas sin ser necesariamente el principal material estructural de su interior.
Esta función es particularmente importante porque las propiedades de un tejido dependen no solamente de las fibras que soportan la carga, sino también de las moléculas que determinan cómo esas fibras interactúan entre sí y con el resto de la matriz.
🟡 Colágenos de las membranas basales y colágenos relacionados con ellas
Las membranas basales constituyen matrices extracelulares especializadas que separan y organizan determinados compartimentos tisulares. El colágeno de tipo IV es su principal colágeno estructural y se diferencia profundamente de los colágenos fibrilares porque no forma largas fibrillas periódicas. En lugar de ello, las moléculas se ensamblan mediante dominios terminales especializados para formar una red tridimensional.
El colágeno de tipo IV contiene regiones de triple hélice interrumpidas por segmentos no helicoidales. Estas interrupciones aumentan la flexibilidad de la molécula en comparación con las estructuras fibrilares. Los dominios terminales permiten que las moléculas se conecten entre sí y generen una red semejante a una malla tridimensional.
Esta arquitectura es apropiada para una membrana basal porque la función de esta matriz no consiste principalmente en soportar tensión unidireccional como un tendón. Su función requiere proporcionar soporte bidimensional y tridimensional, establecer una interfaz entre epitelios y tejidos subyacentes y organizar señales procedentes de otros componentes de la matriz.
🟢 Colágenos formadores de redes hexagonales
Los colágenos de tipos VIII y X constituyen un grupo especializado capaz de organizarse en redes geométricas. Su estructura es diferente de la de los colágenos fibrilares y de la red clásica del colágeno de tipo IV. Las moléculas de estos colágenos pueden asociarse formando estructuras con geometría hexagonal, característica particularmente importante en tejidos especializados.
El colágeno de tipo VIII se encuentra, entre otros lugares, asociado con estructuras especializadas de la córnea y forma parte de la matriz de la membrana de Descemet. El colágeno de tipo X está asociado principalmente con cartílago hipertrófico y desempeña funciones relacionadas con la organización de la matriz durante la osificación endocondral.
La formación de redes hexagonales demuestra nuevamente que una triple hélice no determina por sí misma una única arquitectura. La manera en que las moléculas interactúan mediante sus dominios terminales y regiones no colágenas determina la geometría final de la estructura supramolecular.
⚪ Colágenos transmembrana y asociados a membrana
Los colágenos transmembrana, denominados también MACIT en determinadas clasificaciones, contienen una región que atraviesa la membrana plasmática y, por tanto, establecen una conexión directa entre el entorno extracelular y la célula. Los tipos XIII, XVII, XXIII y XXV se incluyen en este grupo.
Su importancia radica en que convierten al colágeno en algo más que un componente extracelular estático. Una molécula transmembrana puede actuar simultáneamente como componente de la matriz o de la superficie celular y como receptor, ligando o elemento de conexión estructural. Algunas de estas moléculas también pueden experimentar procesamiento proteolítico y liberación de dominios extracelulares mediante un proceso conocido como desprendimiento proteolítico.
El colágeno de tipo XVII, por ejemplo, participa en estructuras de adhesión entre células epiteliales y membrana basal. El hecho de que una molécula de la familia del colágeno pueda formar parte de una estructura transmembrana demuestra hasta qué punto la familia ha diversificado su arquitectura sin perder el dominio de triple hélice como elemento molecular característico.
⚫ Multiplexinas
Las multiplexinas comprenden colágenos caracterizados por poseer múltiples dominios de triple hélice separados por regiones no colágenas. Los tipos XV y XVIII constituyen los miembros clásicos de esta categoría.
La arquitectura de las multiplexinas permite que una misma molécula actúe como un elemento de conexión entre diferentes estructuras de la matriz extracelular. El colágeno de tipo XV se encuentra asociado a regiones próximas a membranas basales y puede participar en conexiones entre fibrillas y componentes de la membrana basal. El colágeno de tipo XVIII es un componente de membranas basales y contiene un dominio carboxiterminal denominado endostatina que puede liberarse mediante procesamiento proteolítico.
Este procesamiento es especialmente relevante para comprender que algunos colágenos pueden generar fragmentos con funciones biológicas diferentes de las que desempeña la molécula intacta. La matriz extracelular, por tanto, funciona también como un reservorio de señales moleculares que pueden aparecer después de modificaciones estructurales o proteolíticas.
Dos categorías adicionales que no deben omitirse
La clasificación que proporcionaste es útil, pero no representa toda la diversidad supramolecular de la familia. Una clasificación más completa incluye también los colágenos formadores de filamentos con aspecto de cuentas y los colágenos formadores de fibrillas de anclaje.
El colágeno de tipo VI forma filamentos con aspecto de cuentas. Sus moléculas se ensamblan mediante estructuras intermedias que generan microfibrillas características. Estas estructuras pueden interactuar tanto con otros componentes de la matriz como con las células, por lo que el colágeno de tipo VI no debe considerarse simplemente una versión pequeña de un colágeno fibrilar.
El colágeno de tipo VII, por su parte, forma fibrillas de anclaje. Estas estructuras conectan la membrana basal de determinados epitelios con las fibrillas de colágeno situadas en el tejido conjuntivo subyacente. Su función puede compararse conceptualmente con la de un sistema de fijación que impide que las diferentes capas de la matriz extracelular se separen ante las fuerzas mecánicas.
Por ello, una clasificación más completa basada en la organización supramolecular reconoce fibrillas, FACIT, redes, estructuras de anclaje, filamentos con aspecto de cuentas, colágenos transmembrana y multiplexinas, además de algunos tipos que no encajan perfectamente en estas categorías.
Por qué los colágenos también regulan el comportamiento celular
La función de los colágenos no termina cuando se forma la matriz extracelular. Las células poseen receptores capaces de reconocer colágenos y transformar la interacción física con ellos en señales intracelulares. Entre estos receptores se encuentran integrinas, receptores con dominios discoidina, glicoproteína VI, receptores semejantes a inmunoglobulinas asociados a leucocitos y determinados miembros de la familia de receptores de manosa.
Las integrinas son especialmente importantes porque conectan componentes de la matriz extracelular con el citoesqueleto celular. Esta conexión permite que la célula perciba propiedades físicas y químicas de su entorno y responda modificando su adhesión, forma, migración, proliferación, supervivencia y diferenciación.
La interacción entre colágeno e integrinas no constituye simplemente un mecanismo de adhesión. Cuando una integrina se une a una molécula de colágeno, puede producirse una reorganización de complejos de adhesión y del citoesqueleto, acompañada de activación de rutas de señalización intracelular. Estas rutas pueden modificar la actividad de proteínas reguladoras de la proliferación, la supervivencia y la expresión génica.
Los receptores de la familia de los receptores con dominios discoidina proporcionan otro mecanismo. DDR1 y DDR2 son receptores tirosina cinasa activados por colágenos de triple hélice. Su activación es relativamente lenta y sostenida y puede modificar programas celulares relacionados con desarrollo, remodelación tisular y enfermedad.
Por ello, la composición de la matriz extracelular puede modificar el comportamiento celular incluso cuando no cambia directamente la composición genética de las células. Una célula que se encuentre rodeada por una matriz rica en un tipo determinado de colágeno puede recibir señales diferentes de las que recibiría en una matriz con otra composición, orientación o rigidez. Este principio explica por qué la matriz extracelular se considera actualmente un regulador activo del comportamiento celular y no un soporte pasivo.
Los efectos sobre proliferación, migración y diferenciación dependen además del tipo celular y del contexto tisular. Estudios experimentales han demostrado, por ejemplo, que los colágenos de tipos I y III pueden modificar la proliferación, migración y diferenciación de células precursoras musculares, con efectos diferentes según el proceso celular estudiado. Esto ilustra que no es correcto afirmar que «el colágeno» produce una única respuesta celular universal; la respuesta depende del tipo de colágeno, de sus propiedades físicas, de los receptores expresados por la célula y del microambiente.
Por qué la distribución tisular es tan importante
La distribución de los colágenos no es uniforme. Cada tejido posee una combinación característica de tipos de colágeno y otros componentes de la matriz extracelular. La piel contiene predominantemente colágenos de tipos I y III; el cartílago contiene grandes cantidades de colágeno de tipo II; las membranas basales dependen especialmente del colágeno de tipo IV; y los tendones contienen una matriz especialmente rica en colágeno de tipo I organizado en estructuras longitudinales capaces de soportar tensión.
Esta distribución diferencial es consecuencia de la relación entre estructura y función. Un tendón requiere una arquitectura especializada para transmitir fuerzas de tracción, mientras que el cartílago necesita una matriz capaz de resistir principalmente cargas compresivas y mantener una organización tridimensional estable. Una membrana basal necesita una red continua que sirva como soporte y barrera, mientras que una estructura epitelial sometida a tensión requiere conexiones especializadas entre la membrana basal y el tejido conjuntivo subyacente.
Por tanto, la existencia de múltiples tipos de colágeno no constituye una redundancia biológica. Cada tipo aporta características moleculares, supramoleculares y celulares que permiten adaptar la matriz extracelular a las necesidades mecánicas y fisiológicas específicas de cada tejido. Incluso los colágenos que representan una fracción pequeña del contenido total pueden ser indispensables porque ocupan posiciones estratégicas en las estructuras supramoleculares o porque regulan interacciones celulares específicas.
En términos jerárquicos, la diversidad del colágeno puede entenderse de la siguiente manera:
genes de colágeno → cadenas α → composición del trímero → triple hélice → procesamiento postraduccional → interacción entre moléculas → ensamblaje supramolecular → arquitectura tisular → propiedades mecánicas → interacción con receptores celulares → comportamiento celular.
Esta jerarquía explica por qué una alteración aparentemente pequeña en una cadena α puede producir consecuencias que se manifiestan a escala de todo un tejido. Una mutación puede modificar la secuencia de la cadena; la modificación puede alterar la estabilidad de la triple hélice; esto puede afectar el procesamiento o el ensamblaje; el ensamblaje anómalo puede modificar la organización de la matriz; la matriz alterada puede modificar sus propiedades mecánicas y sus interacciones con receptores celulares; finalmente, estas alteraciones pueden afectar la función del tejido.
Así, la característica fundamental de los colágenos no es simplemente que sean proteínas «fuertes». Su importancia deriva de que constituyen una familia molecular extremadamente diversa capaz de convertir una arquitectura química relativamente conservada, la triple hélice Gly-X-Y, en una extraordinaria variedad de estructuras supramoleculares. Las fibrillas permiten resistir tensión; las redes proporcionan soporte espacial; las fibrillas de anclaje conectan diferentes compartimentos; los filamentos con aspecto de cuentas generan microarquitecturas específicas; los FACIT modifican las superficies fibrilares; las multiplexinas conectan diferentes componentes de la matriz; y los colágenos transmembrana establecen una conexión directa entre la matriz y la célula.

Fuente y lecturas recomendadas:
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Originally posted on 23 de diciembre de 2022 @ 9:54 AM


