Cribado del cáncer colorrectal. Estrategias, pruebas diagnósticas y criterios para la selección según el riesgo individual.
Cribado del cáncer colorrectal. Estrategias, pruebas diagnósticas y criterios para la selección según el riesgo individual.

Cribado del cáncer colorrectal. Estrategias, pruebas diagnósticas y criterios para la selección según el riesgo individual

El cribado del cáncer colorrectal se recomienda porque permite identificar lesiones neoplásicas antes de que produzcan manifestaciones clínicas y, en determinadas estrategias, detectar y extirpar lesiones precursoras antes de su progresión a cáncer invasivo. La evidencia procedente de ensayos clínicos aleatorizados demuestra que distintas modalidades de cribado reducen la mortalidad por cáncer colorrectal, aunque difieren de manera importante en su capacidad para detectar lesiones precursoras, en la carga que imponen al paciente, en los intervalos entre pruebas y en la necesidad de procedimientos diagnósticos posteriores.

La recomendación de iniciar el cribado a los 45 años se fundamenta en el cambio epidemiológico observado durante las últimas décadas. Aunque la incidencia global del cáncer colorrectal ha disminuido en los grupos de mayor edad, la incidencia de cáncer colorrectal de aparición temprana ha aumentado en adultos menores de 50 años. Los modelos de microsimulación utilizados para evaluar diferentes estrategias de inicio y finalización del cribado indican que comenzar a los 45 años proporciona un balance favorable entre los cánceres y las muertes que pueden prevenirse y los daños derivados de las pruebas, especialmente cuando se considera la evolución contemporánea del riesgo epidemiológico.

El intervalo de 45 a 75 años representa, por tanto, el período en el que existe una justificación particularmente sólida para ofrecer el cribado sistemático a adultos con riesgo promedio. La recomendación no significa que todas las personas deban someterse a una colonoscopia ni que una modalidad sea universalmente superior a las demás. El beneficio poblacional depende de que las personas participen de manera sostenida en el programa y completen las pruebas indicadas cuando un resultado inicial sea positivo. Por este motivo, una prueba menos invasiva que el paciente acepta y realiza regularmente puede proporcionar un beneficio preventivo superior al de una prueba potencialmente más sensible que el paciente rechaza o no repite según el intervalo establecido. Los estudios comparativos de estrategias de cribado muestran precisamente que la efectividad en condiciones reales depende tanto del rendimiento diagnóstico de la prueba como de su adherencia.

La recomendación de realizar el cribado de manera selectiva entre los 76 y los 85 años responde a que el beneficio absoluto de continuar el cribado disminuye progresivamente con la edad y depende cada vez más de la expectativa de vida y de los antecedentes de cribado. Una persona de 80 años que nunca ha sido examinada puede conservar un riesgo sustancial de presentar una lesión colorrectal clínicamente relevante y, por ello, puede obtener un beneficio considerable de una prueba. En cambio, una persona de edad similar que ha obtenido resultados negativos repetidos durante muchos años puede tener un riesgo residual suficientemente reducido como para que los beneficios adicionales sean pequeños. Los modelos de decisión muestran que la edad por sí sola no determina adecuadamente el beneficio neto: deben considerarse conjuntamente la edad, el estado de salud, la expectativa de vida y la historia previa de cribado.

El estado general de salud es particularmente importante porque las pruebas de cribado solamente proporcionan beneficio si el paciente tiene una expectativa de vida suficiente para que una lesión detectada pueda ser tratada y ese tratamiento tenga posibilidades razonables de evitar la muerte por cáncer colorrectal. Además, los riesgos de las intervenciones diagnósticas aumentan con la edad y con la presencia de enfermedades concomitantes. En la colonoscopia, por ejemplo, pueden producirse hemorragia, perforación y complicaciones relacionadas con la sedación, y estos acontecimientos adversos adquieren mayor importancia en personas de edad avanzada. Por ello, en adultos entre 76 y 85 años la decisión debe individualizarse y valorar si el beneficio esperado supera los posibles daños.

La preferencia del paciente constituye otro componente esencial porque las modalidades disponibles presentan experiencias radicalmente diferentes. La colonoscopia exige preparación intestinal, generalmente requiere sedación y supone la introducción de un endoscopio a través del colon. En contraste, las pruebas fecales pueden realizarse en el domicilio sin sedación ni instrumentación del colon, mientras que la colonografía por tomografía computarizada evita la introducción de un endoscopio y no suele requerir sedación. La elección compartida permite incorporar estas diferencias junto con la percepción individual del riesgo, la tolerancia a procedimientos invasivos, la disposición para repetir pruebas y la aceptación de la posibilidad de necesitar una colonoscopia posterior.

Colonoscopia cada 10 años

La colonoscopia cada 10 años constituye una estrategia especialmente importante porque puede cumplir simultáneamente una función diagnóstica y preventiva. Durante el mismo procedimiento pueden identificarse lesiones y, cuando está indicado, extirparse pólipos precancerosos. Esta característica la diferencia fundamentalmente de las pruebas fecales: estas últimas detectan señales biológicas que pueden indicar la existencia de una lesión, pero una prueba fecal positiva no elimina la lesión y, por tanto, requiere una colonoscopia diagnóstica posterior. La capacidad de la colonoscopia para detectar y eliminar adenomas durante una misma exploración proporciona un mecanismo directo para interrumpir la secuencia adenoma-carcinoma.

El intervalo de 10 años se relaciona con la historia natural relativamente lenta de muchas lesiones precursoras. La transformación de un adenoma en carcinoma invasivo suele desarrollarse durante un período prolongado, de manera que una colonoscopia negativa de alta calidad confiere una protección que puede mantenerse durante años. Los estudios observacionales han demostrado una reducción sustancial de la incidencia y de la mortalidad por cáncer colorrectal después de una colonoscopia negativa, aunque la magnitud de la protección puede variar según la calidad de la exploración, la preparación intestinal, la capacidad del endoscopista para detectar lesiones y las características individuales del paciente.

La principal limitación de esta estrategia es que la eficacia biológica de la colonoscopia no equivale automáticamente a una eficacia poblacional máxima. La preparación intestinal puede resultar incómoda y difícil de completar, la exploración es invasiva y existe un riesgo, aunque bajo, de complicaciones. Además, la aceptación de la prueba puede ser inferior a la de los métodos fecales. En consecuencia, la recomendación de la colonoscopia cada 10 años debe interpretarse como una opción de cribado, no como una obligación de preferirla sobre todas las alternativas.

Pruebas de sangre oculta en heces

Las pruebas de sangre oculta en heces se fundamentan en una propiedad biológica del cáncer colorrectal y de algunos adenomas avanzados: estas lesiones pueden presentar microhemorragias intermitentes que liberan pequeñas cantidades de sangre hacia la luz intestinal. La prueba analiza las heces para detectar esa señal. Su utilidad no depende de observar sangre macroscópica, sino de identificar cantidades de sangre que pueden ser imperceptibles para el paciente.

La evidencia procedente de ensayos clínicos aleatorizados demuestra que el cribado mediante pruebas de sangre oculta en heces puede reducir la mortalidad por cáncer colorrectal. Esta conclusión es especialmente importante porque no se basa únicamente en estudios de exactitud diagnóstica: procede de investigaciones en las que poblaciones sometidas a estrategias de cribado fueron comparadas con grupos control durante períodos prolongados. Los resultados demostraron que la detección periódica mediante pruebas de sangre oculta en heces puede identificar cánceres en etapas más tempranas y, en consecuencia, disminuir las muertes atribuibles a esta enfermedad.

La repetición anual o bienal es necesaria porque una prueba fecal negativa solamente indica que no se detectó la señal buscada en la muestra correspondiente; no demuestra que el colon esté libre de lesiones. La hemorragia de los tumores y de los adenomas puede ser intermitente y una lesión puede no liberar sangre detectable en una muestra concreta. Repetir la prueba aumenta la probabilidad acumulativa de detectar una lesión que inicialmente no produjo una señal suficiente. Esta característica explica por qué las estrategias fecales requieren una adherencia periódica considerablemente mayor que la colonoscopia decenal.

Prueba inmunoquímica fecal

Las pruebas inmunoquímicas fecales representan actualmente una de las modalidades fecales más utilizadas. Su principio analítico consiste en utilizar anticuerpos capaces de reconocer específicamente componentes de la hemoglobina humana. Esta característica permite detectar sangre procedente del tracto gastrointestinal inferior con mayor especificidad biológica que los métodos químicos tradicionales que reaccionaban con diferentes sustancias capaces de producir resultados falsamente positivos.

Una ventaja adicional es que la prueba inmunoquímica fecal puede realizarse en el domicilio mediante la recolección de una muestra de materia fecal, sin necesidad de sedación, instrumentación endoscópica ni preparación intestinal completa. Estas características disminuyen la carga inmediata para el paciente y pueden favorecer la participación en programas poblacionales. Sin embargo, su naturaleza no invasiva no elimina la necesidad de seguimiento: un resultado positivo debe conducir a una colonoscopia, porque la prueba inmunoquímica fecal identifica una señal compatible con sangrado, pero no determina por sí misma la causa anatómica del sangrado.

Prueba combinada de sangre y ADN en heces

La combinación de una prueba inmunoquímica fecal con el análisis de ADN fecal intenta superar una limitación fundamental de las pruebas basadas exclusivamente en sangre. Las lesiones colorrectales liberan al contenido intestinal no solamente sangre, sino también células y material genético procedentes del epitelio neoplásico. El análisis molecular puede identificar alteraciones genéticas y epigenéticas asociadas con la carcinogénesis colorrectal, mientras que la prueba inmunoquímica fecal detecta hemoglobina. La combinación de ambas señales proporciona, por tanto, dos mecanismos biológicos parcialmente diferentes para reconocer una lesión.

Los estudios prospectivos de gran tamaño han demostrado que esta combinación posee una sensibilidad elevada para el cáncer colorrectal y una capacidad relevante para detectar lesiones colorrectales avanzadas. Su rendimiento resulta particularmente importante porque el objetivo del cribado no consiste únicamente en encontrar cáncer ya establecido, sino también en identificar lesiones precursoras clínicamente importantes. Sin embargo, una mayor sensibilidad puede acompañarse de una menor especificidad que la observada con algunas estrategias fecales basadas exclusivamente en la prueba inmunoquímica. Esto significa que pueden producirse más resultados positivos en personas que finalmente no presentan cáncer colorrectal o una lesión avanzada, lo que conduce a colonoscopias diagnósticas adicionales.

Por esta razón, la utilidad clínica de la prueba combinada no debe juzgarse únicamente mediante su sensibilidad y especificidad. También deben considerarse la frecuencia con la que debe repetirse, la proporción de pacientes que completan el seguimiento colonoscópico después de un resultado positivo, los resultados falsamente positivos, los procedimientos posteriores y la aceptación por parte de la población. En un programa de cribado, el rendimiento de una prueba depende de toda la cadena de atención y no exclusivamente de sus características analíticas.

Colonografía por tomografía computarizada

La colonografía por tomografía computarizada, conocida también como colonoscopia virtual, constituye una alternativa estructuralmente diferente. Mediante tomografía computarizada se obtienen imágenes del colon que posteriormente se reconstruyen para proporcionar una representación bidimensional y tridimensional de su superficie. Aunque requiere preparación intestinal, evita la introducción de un colonoscopio a lo largo de todo el colon y, en general, no necesita sedación. Por ello, representa una alternativa particularmente relevante para personas que desean evitar una exploración endoscópica convencional.

Su rendimiento diagnóstico para lesiones grandes es elevado. Los estudios de exactitud diagnóstica han mostrado que la colonografía por tomografía computarizada puede detectar con alta sensibilidad los pólipos de mayor tamaño y el cáncer colorrectal. Una de las razones de este comportamiento es que las lesiones grandes producen alteraciones morfológicas suficientemente prominentes para ser identificadas mediante reconstrucciones tomográficas. La precisión disminuye, sin embargo, conforme disminuye el tamaño de las lesiones, de modo que no debe interpretarse como una réplica perfecta de la colonoscopia óptica para todas las categorías de pólipos.

El perfil de seguridad constituye una de sus ventajas. Al evitar la colonoscopia convencional y la sedación, disminuyen determinados riesgos relacionados con el procedimiento endoscópico. Sin embargo, no es una prueba completamente exenta de inconvenientes. Continúa requiriendo preparación intestinal y exposición a radiación ionizante en dosis bajas, y puede generar hallazgos extracolónicos incidentales que requieren valoración adicional. Además, si se identifica un pólipo que requiere extirpación, la colonografía no permite tratarlo durante el mismo procedimiento. El paciente necesita posteriormente una colonoscopia convencional.

Por consiguiente, afirmar que la colonografía por tomografía computarizada posee una precisión similar a la colonoscopia para pólipos grandes y cáncer colorrectal requiere una interpretación específica: la equivalencia no implica que ambas técnicas sean idénticas para todas las lesiones ni que tengan la misma función clínica. La colonoscopia puede visualizar directamente la mucosa, obtener tejido y eliminar pólipos durante la exploración; la colonografía proporciona una evaluación radiológica no invasiva y, cuando identifica una lesión relevante, deriva al paciente a colonoscopia para su confirmación y tratamiento. Esta diferencia explica por qué ambas técnicas pueden ocupar posiciones complementarias dentro de una estrategia de cribado.

Por qué existen varias opciones de cribado

La existencia de varias modalidades recomendadas no refleja una falta de evidencia acerca de cuál es la prueba «correcta», sino que responde a que el cribado del cáncer colorrectal es un problema de decisión clínica en el que intervienen simultáneamente eficacia, seguridad, precisión diagnóstica, invasividad, frecuencia de repetición, costes, disponibilidad y preferencias individuales. Una prueba altamente eficaz que tiene una aceptación muy baja puede producir menos prevención en una población que una alternativa algo menos sensible pero ampliamente aceptada y realizada de manera sistemática. Los estudios de estrategias poblacionales muestran que la adherencia es uno de los principales determinantes del beneficio real obtenido mediante el cribado.

La consecuencia práctica es que la elección debe realizarse mediante una decisión compartida. Una persona puede valorar especialmente la posibilidad de realizar una única exploración cada 10 años y aceptar la preparación intestinal y la sedación asociadas con la colonoscopia. Otra puede preferir una prueba fecal domiciliaria por evitar un procedimiento invasivo, aunque esto implique repetirla anualmente o con la periodicidad correspondiente y aceptar que un resultado positivo requerirá una colonoscopia. Una tercera persona puede preferir la colonografía por tomografía computarizada para evitar la endoscopia inicial. Todas estas decisiones pueden ser racionales cuando se ajustan al riesgo individual, a la capacidad para completar el seguimiento y a las preferencias informadas del paciente.

La lógica del cribado consiste en detectar el cáncer cuando todavía es potencialmente curable y, cuando sea posible, intervenir incluso antes, eliminando lesiones precursoras. La colonoscopia ofrece la posibilidad directa de detectar y extirpar lesiones; las pruebas inmunoquímicas fecales permiten realizar cribado periódico con mínima invasividad y han demostrado reducir la mortalidad; las estrategias que combinan sangre oculta con ADN fecal amplían las señales biológicas utilizadas para detectar neoplasia; y la colonografía por tomografía computarizada proporciona una alternativa radiológica con elevado rendimiento para cáncer y lesiones grandes. La mejor estrategia individual, por tanto, no se determina únicamente por cuál prueba tiene mayor sensibilidad, sino por cuál estrategia ofrece al paciente un balance favorable entre beneficio preventivo, riesgos, carga del procedimiento y probabilidad de completar todo el proceso de cribado y seguimiento.

 

 

 

 

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Fuente y lecturas recomendadas:
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