La alveolitis alérgica extrínseca, denominada actualmente de manera preferente neumonitis por hipersensibilidad, constituye una enfermedad pulmonar intersticial inmunomediada producida por la inhalación repetida de una amplia variedad de antígenos ambientales u ocupacionales en individuos con susceptibilidad biológica. Se caracteriza por un proceso inflamatorio que afecta principalmente los alvéolos, los bronquiolos respiratorios y el intersticio pulmonar, aunque en fases avanzadas puede evolucionar hacia remodelado tisular irreversible y fibrosis pulmonar progresiva. Esta enfermedad representa uno de los modelos mejor estudiados de interacción entre exposición ambiental, predisposición genética y respuesta inmunológica desregulada, lo que explica su notable heterogeneidad clínica, radiológica e histopatológica. Esta información se fundamenta en las guías internacionales más recientes y en estudios anatomopatológicos e inmunológicos ampliamente validados.
A diferencia de las enfermedades pulmonares producidas por toxicidad directa de partículas inhaladas, la neumonitis por hipersensibilidad no aparece porque el antígeno posea propiedades citotóxicas intrínsecas, sino porque el sistema inmunitario del huésped desarrolla una respuesta inflamatoria exagerada frente a sustancias que, para la mayoría de las personas expuestas, resultan inocuas. Este hecho explica que únicamente una pequeña proporción de individuos expuestos desarrolle la enfermedad, incluso cuando las concentraciones ambientales del antígeno son elevadas y la exposición ocurre durante muchos años. Diversos estudios han demostrado que la susceptibilidad depende de factores genéticos, variaciones en genes relacionados con la regulación inmunitaria, diferencias en la depuración mucociliar, intensidad y duración de la exposición, tamaño de las partículas inhaladas y coexistencia de otros factores ambientales como tabaquismo o contaminación atmosférica.
Patogenia
La fisiopatología de la neumonitis por hipersensibilidad constituye un proceso inmunológico complejo en el que participan mecanismos de inmunidad innata y adaptativa que evolucionan con el tiempo. La respuesta inmunitaria cambia conforme persiste la exposición al antígeno, razón por la cual las manifestaciones clínicas e histológicas difieren entre las formas predominantemente inflamatorias y las fibróticas.
En la fase inicial, las partículas antigénicas inhaladas alcanzan los bronquiolos terminales y los alvéolos debido a su pequeño diámetro aerodinámico, generalmente inferior a 5 μm. Allí son captadas por macrófagos alveolares y células dendríticas, las cuales procesan los antígenos y los presentan a los linfocitos T mediante moléculas del complejo mayor de histocompatibilidad. Simultáneamente, algunos individuos desarrollan anticuerpos específicos de tipo inmunoglobulina G frente al antígeno inhalado. La formación de complejos inmunes entre el antígeno y dichos anticuerpos favorece la activación del sistema del complemento y el reclutamiento de neutrófilos y monocitos hacia el intersticio pulmonar, fenómeno característico de las fases agudas de la enfermedad.
Aunque históricamente la enfermedad se describía como una reacción de hipersensibilidad tipo III, actualmente se reconoce que la respuesta celular constituye el principal mecanismo fisiopatológico responsable de la progresión hacia las formas persistentes. La presentación antigénica induce expansión clonal de linfocitos T colaboradores con predominio del perfil Th1 y Th17. Los linfocitos Th1 producen interferón gamma e interleucina 2, que estimulan intensamente la actividad de los macrófagos alveolares. Por otra parte, los linfocitos Th17 sintetizan interleucina 17 e interleucina 22, citocinas que amplifican la inflamación mediante el reclutamiento continuo de neutrófilos y otras células efectoras.
Los macrófagos activados producen factor de necrosis tumoral alfa, interleucina 1 beta, interleucina 6, quimiocinas inflamatorias y especies reactivas del oxígeno que incrementan el daño del epitelio alveolar. Paralelamente, las células dendríticas continúan estimulando nuevos linfocitos T, perpetuando el proceso inflamatorio incluso cuando la carga antigénica disminuye.
La persistencia de la exposición favorece la formación de granulomas no caseificantes poco organizados. Estos granulomas representan agregados de macrófagos epitelioides, células gigantes multinucleadas y linfocitos que intentan aislar el antígeno persistente. A diferencia de los granulomas observados en la sarcoidosis, los de la neumonitis por hipersensibilidad suelen ser pequeños, mal delimitados y distribuidos alrededor de los bronquiolos respiratorios, característica considerada altamente sugestiva desde el punto de vista histopatológico.
Si la inflamación persiste durante meses o años, el daño repetitivo del epitelio alveolar induce activación de fibroblastos, diferenciación hacia miofibroblastos y acumulación progresiva de colágeno tipo I y III dentro del intersticio pulmonar. Diversos mediadores profibróticos, entre ellos el factor transformador del crecimiento beta, el factor de crecimiento derivado de plaquetas y el factor de crecimiento del tejido conectivo, promueven la remodelación irreversible del parénquima pulmonar. En esta etapa aparecen destrucción arquitectónica, bronquiectasias por tracción, distorsión pulmonar y panalización, hallazgos que condicionan deterioro permanente de la función respiratoria.
La fibrosis puede continuar progresando incluso después de eliminar completamente el antígeno causal, debido a que los mecanismos celulares profibróticos adquieren cierta autonomía respecto del estímulo inicial. Este fenómeno explica por qué algunos pacientes presentan una evolución semejante a otras enfermedades pulmonares intersticiales fibrosantes progresivas.
Antígenos causantes más frecuentes
Se han identificado más de 300 antígenos capaces de desencadenar neumonitis por hipersensibilidad. La mayoría corresponde a proteínas orgánicas, microorganismos ambientales o compuestos químicos de bajo peso molecular que actúan como haptenos al unirse a proteínas pulmonares.
Las proteínas aviares constituyen una de las causas más frecuentes en países desarrollados. Proceden principalmente de excretas, plumas, secreciones respiratorias y proteínas presentes en el suero de aves domésticas, palomas, pericos, canarios y aves de corral. La exposición puede producirse tanto por convivencia domiciliaria como por actividades recreativas o laborales relacionadas con la cría de aves.
Los hongos y mohos representan otro grupo importante de antígenos. Especies pertenecientes a los géneros Aspergillus, Penicillium, Cladosporium, Alternaria y numerosos hongos ambientales proliferan en sistemas de ventilación, humidificadores, viviendas con humedad persistente, materiales orgánicos en descomposición y edificios con deficiente mantenimiento. La inhalación repetida de sus esporas favorece el desarrollo de inflamación alveolar crónica.
Entre las bacterias destacan los actinomicetos termofílicos, especialmente Saccharopolyspora rectivirgula, microorganismo que prolifera en heno húmedo, paja almacenada y materiales vegetales fermentados. La inhalación de estas bacterias origina el denominado pulmón del granjero, una de las formas clásicas de la enfermedad descritas desde mediados del siglo XX.
Los isocianatos utilizados en la fabricación de espumas de poliuretano, pinturas, adhesivos, plásticos y materiales aislantes constituyen los principales agentes químicos relacionados con neumonitis por hipersensibilidad ocupacional. A diferencia de las proteínas biológicas, estas moléculas pequeñas actúan como haptenos, uniéndose a proteínas propias del huésped para generar nuevos antígenos inmunogénicos.
También se han descrito numerosos antígenos procedentes de micobacterias no tuberculosas presentes en jacuzzis, enzimas utilizadas en la industria farmacéutica, polvo de cereales, proteínas animales, hongos presentes en sistemas de aire acondicionado y microorganismos derivados de procesos industriales.
La identificación precisa del antígeno causal constituye el elemento diagnóstico más importante, debido a que la interrupción definitiva de la exposición modifica significativamente la evolución clínica y el pronóstico.
Clasificación
La clasificación contemporánea propuesta por las sociedades American Thoracic Society, Japanese Respiratory Society y Asociación Latinoamericana del Tórax abandona la antigua división en formas aguda, subaguda y crónica porque dicha clasificación presentaba escasa correlación con el pronóstico, la evolución funcional y la supervivencia.
Actualmente la enfermedad se clasifica en neumonitis por hipersensibilidad no fibrótica y neumonitis por hipersensibilidad fibrótica.
La neumonitis por hipersensibilidad no fibrótica corresponde a pacientes cuyo proceso predominante es inflamatorio. Histológicamente predominan la alveolitis linfocítica, los granulomas mal definidos y la bronquiolitis celular, con mínima o nula fibrosis. Radiológicamente predominan opacidades en vidrio deslustrado, nódulos centrolobulillares y atrapamiento aéreo. La función pulmonar suele preservarse relativamente y la respuesta al tratamiento es considerablemente mejor cuando se elimina precozmente el antígeno.
La neumonitis por hipersensibilidad fibrótica incluye pacientes que presentan grados variables de fibrosis intersticial coexistiendo con inflamación activa o como lesión predominante. Radiológicamente aparecen reticulación, bronquiectasias por tracción, distorsión arquitectónica y panalización. Esta variante posee mayor mortalidad, mayor deterioro funcional y riesgo significativo de desarrollar enfermedad pulmonar intersticial fibrosante progresiva.
Esta nueva clasificación facilita la selección terapéutica, permite identificar candidatos a tratamiento antifibrótico y mejora la estratificación pronóstica.
Presentación clínica
La expresión clínica depende de la intensidad de la exposición, del tiempo transcurrido desde el inicio del contacto antigénico y del grado de fibrosis existente.
Tras una exposición intensa, muchos pacientes desarrollan síntomas entre 4 y 8 horas después del contacto. Aparecen fiebre, escalofríos, malestar general, cefalea, mialgias, artralgias, tos seca y disnea progresiva. Estas manifestaciones recuerdan a un síndrome viral, razón por la cual el diagnóstico suele retrasarse durante los primeros episodios. Cuando cesa la exposición, los síntomas mejoran espontáneamente en las siguientes 12 a 48 horas.
La exposición repetida produce episodios cada vez más frecuentes hasta que los síntomas comienzan a persistir entre las exposiciones.
En las formas relacionadas con exposición prolongada de baja intensidad, especialmente en personas que conviven con aves domésticas o viven en viviendas con humedad persistente, el inicio suele ser insidioso. La disnea de esfuerzo aumenta lentamente durante meses o años, acompañándose de tos seca persistente, fatiga, disminución de la tolerancia al ejercicio y pérdida de peso. Conforme progresa la fibrosis aparecen hipoxemia de esfuerzo, cianosis, acropaquia en algunos pacientes e insuficiencia respiratoria crónica.
La exploración física puede mostrar estertores crepitantes inspiratorios bibasales semejantes a los observados en otras enfermedades intersticiales fibrosantes. En estadios avanzados pueden desarrollarse hipertensión pulmonar e insuficiencia cardíaca derecha secundaria.
Diagnóstico
El diagnóstico requiere integrar información clínica, ocupacional, ambiental, radiológica, inmunológica, funcional e histopatológica. Ninguna prueba aislada confirma o excluye la enfermedad con suficiente precisión.
La historia detallada de exposición constituye el componente más importante del proceso diagnóstico. Debe investigarse la presencia de aves domésticas, exposición agrícola, humidificadores, sistemas de aire acondicionado contaminados, industrias químicas, granjas, talleres de pintura, materiales orgánicos en descomposición y cualquier ambiente con crecimiento de hongos.
La tomografía computarizada de alta resolución constituye el estudio de imagen de elección. En la enfermedad no fibrótica predominan opacidades en vidrio deslustrado, nódulos centrolobulillares mal definidos, atrapamiento aéreo y patrón de atenuación en mosaico. En la enfermedad fibrótica aparecen reticulación, bronquiectasias por tracción, pérdida de volumen pulmonar, distorsión arquitectónica y panalización, especialmente en regiones medias y superiores, aunque pueden observarse múltiples patrones.
La detección sérica de inmunoglobulina G específica frente a determinados antígenos ayuda a documentar exposición inmunológica. Sin embargo, una prueba positiva únicamente demuestra sensibilización y no confirma enfermedad, mientras que una prueba negativa tampoco excluye el diagnóstico debido a la gran variedad de antígenos existentes.
El lavado broncoalveolar constituye una herramienta diagnóstica muy útil. La presencia de linfocitosis superior al 20 % incrementa considerablemente la probabilidad diagnóstica, especialmente cuando se integra con la historia de exposición y los hallazgos tomográficos. No obstante, la linfocitosis no es específica, ya que también puede observarse en otras enfermedades pulmonares intersticiales.
Cuando persiste incertidumbre diagnóstica, la biopsia pulmonar puede aportar información definitiva. Los hallazgos característicos incluyen alveolitis linfocítica bronquiolocéntrica, bronquiolitis celular, granulomas no caseificantes mal delimitados, células gigantes multinucleadas y distintos grados de fibrosis intersticial. En algunos pacientes la fibrosis adquiere un patrón semejante al de la neumonía intersticial usual, dificultando el diagnóstico diferencial.
Las guías internacionales recomiendan que la integración final del diagnóstico sea realizada mediante discusión multidisciplinaria entre especialistas en neumología, radiología torácica y patología pulmonar, estrategia que mejora significativamente la precisión diagnóstica.
Tratamiento
La piedra angular del tratamiento consiste en identificar y eliminar completamente la exposición al antígeno responsable. La evitación temprana puede conducir a resolución clínica casi completa en las formas predominantemente inflamatorias y disminuye significativamente el riesgo de progresión hacia fibrosis irreversible.
Los glucocorticoides sistémicos continúan utilizándose ampliamente para acelerar la resolución de la inflamación pulmonar, mejorar la sintomatología y favorecer la recuperación funcional en pacientes con enfermedad inflamatoria activa. Sin embargo, la evidencia disponible indica que, aunque producen mejoría clínica inicial, no existe demostración concluyente de que modifiquen la evolución a largo plazo de la enfermedad fibrótica.
En pacientes con enfermedad progresiva pueden emplearse otros inmunosupresores como micofenolato mofetilo o azatioprina con el objetivo de reducir la necesidad de glucocorticoides, aunque la evidencia científica disponible continúa siendo limitada y procede principalmente de estudios observacionales.
La comprensión de que una proporción importante de pacientes desarrolla una enfermedad pulmonar intersticial fibrosante progresiva condujo al estudio de terapias antifibróticas. Nintedanib demostró disminuir significativamente la velocidad anual de pérdida de capacidad vital forzada en pacientes con enfermedades pulmonares intersticiales fibrosantes progresivas, incluida la neumonitis por hipersensibilidad fibrótica. Como consecuencia de estos resultados, fue aprobado para este grupo de enfermedades.
En pacientes con insuficiencia respiratoria avanzada deben implementarse medidas de soporte, incluyendo oxigenoterapia domiciliaria cuando exista hipoxemia crónica, programas de rehabilitación pulmonar, vacunación frente a infecciones respiratorias, tratamiento oportuno de exacerbaciones y control de comorbilidades.
Cuando la enfermedad continúa progresando pese al tratamiento óptimo y aparece insuficiencia respiratoria terminal, el trasplante pulmonar constituye la única alternativa terapéutica capaz de mejorar la supervivencia y la calidad de vida en pacientes cuidadosamente seleccionados.
El pronóstico depende principalmente del grado de fibrosis pulmonar, de la posibilidad de eliminar completamente la exposición antigénica y de la velocidad de progresión funcional. Los pacientes con enfermedad no fibrótica diagnosticada precozmente presentan altas probabilidades de estabilización o recuperación, mientras que aquellos con fibrosis progresiva muestran una evolución semejante a otras enfermedades pulmonares intersticiales fibrosantes, con deterioro funcional continuo y aumento de la mortalidad.

Fuente y lecturas recomendadas:
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